lunes, julio 26, 2010

Discurso de Cristo Muerto desde lo alto del Edificio del Mundo, no hay Dios.

A continuación se presenta la trascripción de la versión completa y definitiva del sueño de Jean-Paul Richter. Para más interesados leer artículo complementario: Respuestas nihilistas a la muerte de Dios.

En una tarde de verano, recostado en una montaña frente al sol, me dormí. Soñé que despertaba en el cementerio. Las ruedas del reloj de la torre me habían despertado con el toque de las once. Busqué el sol en el cielo desierto de la noche. Creía que un eclipse lo escondía detrás de la luna. Todas las tumbas estaban abiertas y las puertas de fierro del osario se habrían y cerraban, movidas por invisibles manos. Sobre los muros volaban sombras que ningún cuerpo proyectaba y otras sombras se elevaban rectas en el aire. Sólo los niños dormían en los féretros abiertos. Todo el cielo estaba cubierto por los inmensos pliegues de una niebla gris y pesada, que una sombra gigantesca atraía hacia sí, como una red, siempre de manera próxima, más estrecha, más ardiente. Escuchaba, por encima de mí, la caída lejana de las avalanchas y, por debajo de mí, los primeros pasos de un terremoto inconmensurable. La iglesia oscilaba agitada por dos notas discordantes, continuas, que luchaban entre sí, buscando en vano fundirse en un acorde armonioso. A veces, un resplandor gris subía del interior de las ventanas, y bajo ese resplandor el hierro y el plomo fundidos, fluían. La red de niebla y la tierra oscilante me empujaron hacia el templo, ante la puerta del cual se escondían dos brillantes basiliscos detrás de dos arbustos venenosos. Pasé entre sombras desconocidas, marcadas por los siglos del pasado.

Todas las sombras estaban alrededor del altar y en todas ellas, en lugar del corazón, el pecho latía y palpitaba. Sólo un muerto, que acababa de ser enterrado en la iglesia, reposaba todavía sobre sus cojines, su pecho latía, y su rostro sonriente mostraba un sueño feliz. Pero al entrar una persona viva, despertó y dejó de sonreír, abrió lentamente sus pesados párpados, pero dentro no había ojos y en su pecho palpitante había una herida en lugar del corazón. Levantó las manos y las unió para rezar; pero su brazos se alargaron, se desprendieron y sus manos unidas cayeron a lo lejos. Arriba, en la cúpula de la iglesia, estaba el cuadrante de la Eternidad, no tenía números y era su propia aguja, sólo un dedo negro daba vueltas y los muertos querían ver ahí el Tiempo.

Entonces, una alta y noble figura, marcada por el sufrimiento eterno, descendió sobre el altar, y todos los muertos gritaron: “¡Cristo! ¿no hay Dios?”. Él respondió: “No hay”.

La sombra entera de cada muerto, no sólo el pecho, se puso a temblar y el estremecimiento fue causa de su desintegración.

Cristo prosiguió: “He recorrido los mundos, subí a los soles y volé con las vías lácteas a través de los desiertos del cielo, pero no hay Dios. Bajé, lejos y profundo, hasta donde el Ser proyecta sus sombras, miré al abismo y grité: “Padre, ¿dónde estás?”, pero sólo escuché la eterna tempestad que nadie gobierna; y el brillante arco iris formado por todos los seres estaba ahí, sobre el abismo, sin que ningún sol lo creara y se derramaba gota a gota. Y cuando alcé la mirada hacia el cielo infinito buscando el Ojo de Dios, el universo fijó en mí su órbita vacía, sin fondo; la Eternidad reposaba sobre el Caos, lo roía y se devoraba así misma. -“¡Griten disonancias, dispersen las sombras, ya que Él no es!”.

Las pálidas sombras se desvanecieron como se dispersa, bajo un soplo caliente, el vapor blanco condensado por el frío; y todo quedó desierto. Entonces para dolor del corazón, aparecieron en el templo los niños muertos que se habían despertado en el cementerio, y se arrojaron a los pies de la alta figura que se encontraba en el altar, diciendo: “¡Jesús!, ¿no tenemos Padre?”. Y él respondió lleno de lagrimas: “Todos somos huérfanos, yo y ustedes, no tenemos Padre”.

Entonces las disonancias se hicieron más violentas –los muros tambaleantes se separaron –el templo y los niños se hundieron –y toda la tierra y los soles se abismaron tras ellos –y todo el Edificio del Mundo se derrumbó ante nosotros en su inmensidad –y arriba, en la cima de la Naturaleza inconmensurable, estaba Cristo; contemplaba el Edificio del Mundo perforado por mil soles, como una mirada cavada alrededor de la eterna noche, donde los soles pasan como lámparas de mineros y las vías lácteas como venas de plata.

Y cuando Cristo vio la multitud de Mundos triturándose entre sí, la danza de las antorchas de los fuegos fatuos del cielo, y los bancos de coral como corazones palpitantes, y cuando vio a los planetas verter uno tras otro su alma fosforescente en el Mar de los Muertos, como una esfera de agua dispersando sobre las olas luces que flotan, entonces, con la grandeza del más alto de los seres, alzó la mirada frente a la Nada y frente a la Inmensidad desierta, y dijo:

“¡Muda y rígida Nada!, ¡Necesidad eterna y fría!, ¡Insensato azar!, ¿conoces lo que está debajo de ti? ¿Cuándo me destruirás a mí mismo y al Edificio del mundo? –Azar, ¿sabes tú mismo cuándo pasarás con huracanes entre las ráfagas nevadas de las estrellas, cuándo, a tu paso, se apagará el brillante rocío de las constelaciones? -¡Cuán solos estamos en la gran fosa del Todo! Sólo me tengo a mí mismo.

-¡Oh Padre!, ¡Oh Padre!, ¿dónde está tu pecho para que en él yo descanse? -¡Ah!, si cada yo es su propio Padre y Creador, ¿por qué no pude ser también su propio Ángel Exterminador?...

¿Es esto a mi lado un hombre? ¡Pobre criatura! Tu vida efímera es un suspiro de la naturaleza o su solo eco. –Un espejo cóncavo proyecta sobre tu tierra sus rayos a través de nubes de polvo hechas con las cenizas de los muertos y así macen imágenes brumosas e inciertas. –Mira hacia el abismo en el que pasan nubes de ceniza. –Brumas cargadas de mundos se levantan del Mar de los Muertos: el devenir es una bruma que sube y el presente una bruma que cae. -¿Reconoces la tierra?”

Aquí Cristo bajó la mirada, sus ojos se llenaron de lagrimas y dijo: “¡Ah!, hace algún tiempo estuve allá: entonces era yo feliz, tenía a mi Padre eterno y, desde las montañas, contemplaba alegra la inmensidad del cielo y apoyaba mi pecho herido en su apacible imagen, y aún en el duro instante de la muerte dije: “¡Padre, arranca a tu hijo de su envoltura sangrienta y acércalo a tu corazón!” ...¡Ah! vosotros felices habitantes de la tierra, todavía creéis en Él. Quizás en este mismo momento vuestro sol declina y caéis de rodillas entre flores, luz y lágrimas, alzando vuestras bienaventuradas manos y diciendo, al cielo abierto, entre mil lágrimas de felicidad: “Tú también me conoces, Ser infinito, y conoces todas mis heridas y después de la muerte me recibirás y las cerrarás todas”... Criaturas desafortunadas, después de la muerte nadie cierra las heridas. Cuando el pobre hombre doblegado por las penas, con la espalda adolorida, se recuesta en la tumba para dormir hasta una mañana llena de Verdad, de Virtud y de Alegría, se despierta en medio del caos tormentoso de la media noche eterna –y no viene ni una mañana, ni una mano salvadora, ni el Padre infinito. –Mortal que estás a mi lado, si aún vives, ruega por él. Si no, lo habrás perdido para siempre”.

Y cuando al caer, miré hacia el luminoso Edificio del Mundo, vi los anillos de la gigantesca Serpiente de la Eternidad, se había enroscado alrededor del Universo de los Mundos –y los anillos cayeron y enlazaron el Universo en un doble abrazo –y se enrollo de mil maneras alrededor de la Naturaleza –y aplastó a los mundos unos contra otros –y trituró el templo infinito hasta reducirlo a una iglesia de cementerio –y todo se hizo angosto, sombra y miedo. Un interminable repicar de campanas anunciaba la Última Hora del Tiempo y debía destruir el Edificio del Mundo ...cuando desperté.

Mi alma lloraba de alegría al poder de nuevo adorar a Dios –y la alegría y las lágrimas y la fe en Él, eran mi plegaria. Y cuando me levanté, el sol brillaba muy bajo detrás de los trigales llenos y púrpuras, arrojando el apacible reflejo de su roja tarde sobre la pequeña luna que subía por el levante, sin aurora; entre el cielo y la tierra un mundo feliz y perecedero extendía sus cortas alas y vivía, como yo, ante el Padre Eterno; toda la naturaleza a mi alrededor, fluían sonidos de paz, como lejanas campanas de la tarde.

sábado, julio 17, 2010

¿Dónde están?

¿Dónde están?... ¿Por qué se han ido? Acaso yo les he dejado partir de mi vida.
Acaso yo he provocado su partida.
No, no soy yo solamente, son las circunstancias y yo, es la vida y mi ser los que hemos dictado el devenir presente, los que hemos dado paso tras paso asumiendo con dolor y felicidad las consecuencias de la vida.
¿Dónde están?... ¿Por qué los necesito?... ¿Los necesito?... Recuerdo cuán bueno era llegar a la banca sonriendo ante el encuentro compartiendo lo vivido o incluso hasta suspirando el día perdido. Recuerdo también el silencio, quizás lo más importante, aquello que se compartía con la magia de la sola compañía. ¡Anhelo tanto esos días!
¿Dónde están?... ¿Estoy perdido?... Perdido en el mundo que yo mismo he construido, perdido en medio de los fantasmas que van y vienen por mi mente, perdido en medio de las tentaciones viscerales de un pasado herido. ¡Dónde están! Necesito sus palabras, necesito de sus bromas, necesito de aquella palmada en el pasillo. Necesito incluso aquello que no necesitaba.
¿Dónde están?... ¿Por qué no regresan?... Por qué no hay quien sea igual que ustedes en mi nueva vida, por qué no llega aquel o aquellos que me den el aliento para caminar sonriendo más. Acaso sí los hay y no los he visto.
Acaso he cerrado tanto mis ojos a los demás que incluso ya me he cansado de mí mismo. Acaso he fijado mi vista demasiado en el amor propio, en el amor de mi vida. ¿Por qué siento que no es lo mismo?... ¿Por que me cuesta aceptar que aquello era la perfección y que hoy hay sólo tintes de la maravilla vivida?
¿Dónde están?... ¡Quiero decirles cómo fue mi dia!... Quiero platicar mis pensamientos, quiero escuchar sus consejos, incluso quiero criticar a su lado...
Lo triste de todo esto es que los extraño, lo más triste es que siempre será así. Siento que siempre viviré con un hueco que por más bien que esté yo siempre permanecerá un lugar vacío.
Tomarán su rumbo, tomarán su dirección al igual que yo pero el lazo roto está, y cómo duele el reconocer que los necesito. Cómo duele el saber que sólo en ustedes viví en la confianza de amar y ser amado, que sólo con ustedes la expresión viva era parte de mi ser, que sólo con ustedes me sentía capaz de ser el que soy y cómo cuesta volver a empezar en el plano de los amigos. Veo a los demás y carecen de tanto, los veo y los comparo... carecen de tanto... los veo y los recuerdo... carecen de tanto.
Señor hoy hago oración por mis amigos, aquellos que fueron mis hermanos, mis compañeros del alma, mis guías diarios, mis paños de lágrimas.
Mi compañaera, mi amiga... ¡Es un gran regalo!... tan grande es que no suple lo dejado si no que es algo meramente nuevo... el espacio, su espacio, queridos amigos, siempre estará vacío.
¿Dónde están?... ¡Quiero abrazarlos y decirles que los amo! Decirles que aquí estoy aún, que no me he ido, que no hay que fijarnos en lo perdido, pero... allá van siguiendo su propio camino así como yo construyo el mío.
¿Dónde está?... ¿Será esa su pregunta?... Creo que ustedes sí que han crecido, ahora ya no son los mismos.
Doy gracias a la vida por haber conocido a tan buenos amigos, aquellos que me dieron la mano y que hoy la siguen dando a quien la pida, ese es su corazón, el que da sin poner medida.
Aquí estoy, aquí sigo... ¿No será bueno comenzar con la partida?

jueves, abril 01, 2010

Por Sudán FIRMA EL LIBRO!

Desde hace más de 10 años la región de Darfur, ubicada al occidente de Sudán, sufre de una crisis humanitaria que requiere acciones urgentes. A pesar de que los niveles de violencia han disminuido en tiempos recientes, se estiman 250,000 muertes y más de 2.5 millones de personas desplazadas a lo largo del conflicto. La gravedad de éste amenaza la propia supervivencia del país y pone en riesgo la estabilidad de la región, debido principalmente a la desconfianza y antagonismo entre los diferentes grupos, así como por el alto flujo desmesurado de armas pequeñas y ligeras.

La participación de la comunidad internacional en la resolución de conflictos es de gran relevancia. Por tal motivo, confío en que tomará en cuenta no sólo ésta, sino todas las peticiones y firmas que le hacemos llegar instándole a que se promueva, desde las Naciones Unidas, una solución pronta y eficaz a la situación que se vive en Darfur.

La población civil en Darfur ha sido extremadamente afectada por el conflicto armado. Millones de personas han perdido sus hogares, no cuentan acceso a agua potable ni a alimentos y ponen en peligro sus vidas diariamente al ir a buscar leña para encender fuego. Son generalmente las mujeres quienes realizan estas actividades, siendo en su mayoría violadas en el trayecto.

Los pueblos del mundo hemos conferido al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la responsabilidad primordial de mantener la paz y la seguridad internacionales. En este sentido es urgente fortalecer y garantizar la protección de la población civil en su conjunto, tanto de quienes permanecen en Darfur, como de quienes han cruzado fronteras internacionales amenazados por la existencia de un conflicto armado.

La protección de la población civil debe ser una prioridad para la comunidad internacional, lo cual únicamente se logrará mediante el recabo y la utilización apropiada de los recursos financieros y humanos adecuados y suficientes para que las misiones de paz establecidas por Naciones Unidas en Sudán y en Darfur puedan cumplir a cabalidad con su mandato. Es de vital importancia que el Consejo de Seguridad actúe de manera inmediata y tome las medidas pertinentes para que la población civil afectada por el conflicto armado pueda vivir con dignidad y seguridad en sus comunidades de origen.


Firma el libro: http://libropordarfur.org/ TU FIRMA PUEDE CAMBIAR EL MUNDO! YO YA FIRMÉ!

viernes, julio 17, 2009

Al Papa le hace falta un poco de Marxismo




Transcribo uno de los últimos artículos de Leonardo Boff. Una crítica liberal a la última carta pastoral del Papa Ratzinger... enciendan la antena crítica y emitan su propio juicio si es que juzgar se puede.
Nos faltan más profetas que filósofos, nos faltan más santos que profetas.



La nueva encíclica de Benedicto XVI Caritas in Veritate del 7 de julio último es una toma de posición de la Iglesia ante la crisis actual. El conjunto de las crisis que afectan a la humanidad y que conllevan amenazas severas sobre el sistema de la vida y su futuro, pediría un texto profético, cargado de urgencia. Pero no ha sido eso lo que hemos recibido sino una larga y detallada reflexión sobre la mayoría de los problemas actuales, que van desde la crisis económica al turismo, de la biotecnología a la crisis ambiental, y proyecciones sobre un Gobierno mundial de la globalización. El género no es profético, «el cual supondría un análisis concreto de una situación concreta» que posibilitaría emitir un juicio sobre los problemas a la vista en forma de denuncia-anuncio. Pero no está en la naturaleza de este papa ser profeta. Él es un doctor y un maestro. Elabora el discurso oficial del Magisterio, cuya perspectiva no viene de abajo, de la vida real y conflictiva, sino de arriba, de la doctrina ortodoxa que esfuma las contradicciones y minimiza los conflictos. La tónica dominante no es la del análisis, sino la de la ética, la de lo que deber ser.
Como no analiza la realidad actual, extremadamente compleja, el discurso magisterial permanece principista, equilibrista y se define por su indefinición. El subtexto del texto, lo no dicho en lo dicho, remite a una inocencia teórica que inconscientemente asume la ideología funcional de la sociedad dominante. Se nota ya al abordar el tema central ―el desarrollo― tan criticado hoy por no tener en cuenta los limites ecológicos de la Tierra. De esto la encíclica no dice nada. Su visión es que el sistema mundial se presenta fundamentalmente correcto. Lo que existen son disfunciones, no contradicciones. Ese diagnóstico sugiere la siguiente terapia, semejante a la del G-20: rectificaciones y no cambios, mejorías y no cambio de paradigma, reformas y no liberaciones. Es el imperativo del maestro: «corrección»; no el del profeta: «conversión».
Al leer el texto, largo y pesado, acabamos pensando: ¡qué bien le vendría al papa actual un poco de marxismo! Éste, a partir de los oprimidos, tiene el mérito de desenmascarar las oposiciones presentes en el sistema actual, sacar a la luz los conflictos de poder y denunciar la voracidad incontenida de la sociedad de mercado, competitiva, consumista, nada cooperativa e injusta. Ella representa un pecado social y estructural que sacrifica millones en el altar de la producción para el consumo ilimitado. Esto debería denunciarlo proféticamente el papa. Pero no lo hace.
El texto del Magisterio, olímpicamente por fuera y por encima de la situación conflictiva actual, no es ideológicamente «neutro» como pretende. Es un discurso reproductor del sistema imperante, que hace sufrir a todos especialmente a los pobres. No es cuestión de que Benedicto XVI lo quiera o no lo quiera, sino de la lógica estructural de su discurso magisterial. Por renunciar a un análisis crítico serio, paga un alto precio en ineficacia teórica y práctica. No innova, repite.
Y ahí pierde una enorme oportunidad de dirigirse a la humanidad en un momento dramático de la historia, a partir del capital simbólico de transformación y de esperanza contenido en el mensaje cristiano. Este papa no valora el nuevo cielo y la nueva Tierra, que pueden ser anticipados por las prácticas humanas, solamente conoce esta vida decadente, y por sí misma insostenible (su pesimismo cultural), y la vida eterna y el cielo que vendrán. Se aleja así del gran mensaje bíblico que tiene consecuencias políticas revolucionarias al afirmar que la utopía terminal del Reino de la justicia, del amor y de la libertad sólo será real en la medida en que se construyan y se anticipen, en los límites del espacio y del tiempo histórico, tales bienes entre nosotros.
Curiosamente, haciendo abstracción de nociones fideístas recurrentes («sólo a través de la caridad cristiana es posible el desarrollo integral»), cuando se «olvida» del tono magisterial en la parte final de la encíclica, habla de cosas sensatas como la reforma de la ONU, la nueva arquitectura económico-financiera internacional, el concepto de Bien Común del Globo y la inclusión relacional de la familia humana.
Parafraseando a Nietzsche: ÇÀcu‡nto an‡lisis cr’tico es capaz de incorporar el Magisterio de la Iglesia?È


Leonardo Boff

jueves, julio 16, 2009

La vivencia de un desierto...


Esto es un fragmento de algo que escribí cuando estaba en Guadalajara hace poco menos de un año... vivía una situación de desierto, un situación que a grandes rasgos parecía la peor de todas pero que en lo profundo generaba cierta reconstrucción interna de la cual no me percataba o al menos no gozaba... estar en el desierto no es muy gozoso; existen distintos elementos que provocan incomodidad, pérdida de sentido, dolor y muchas lágrimas... no cabe duda que el desierto golpea mucho, cincela, diría otro, pero sin duda transforma y permite un conocimiento interno que en muy pocas ocasiones se puede llevar a cabo... el desierto, sinónimo de cambio...





Por eso te voy a seducir… te llevaré al desierto y te hablaré al corazón…

Hoy vivo una situación de desierto, lo quiera o no. Seguridades perdidas, muros derrumbados o a punto de caer, soledad… es inútil reforzar con diques de paja esta realidad. Es necesario que viva hasta el fondo las dimensiones sin fin.
Reconciliarme con el desierto, con mi desierto, es vivir la prueba de la provisionalidad, de la precariedad. Mi desierto es el lugar en donde mi realidad es despojada de las apariencias, purificada de lo efímero y reducida a lo esencial, a lo indispensable…
En mi desierto me encuentro ante un cielo sin límites, frente a la arena y mi propio ser, nada más… aquí me veo obligado a encontrarme conmigo mismo… cara a cara conmigo mismo… por eso mi desierto me fascina y me asusta… La esencia del desierto es la ausencia de hombres, abstinencia de presencias…
Mi cara a cara es el preludio del cara a cara con Dios, así el desierto es lugar de encuentro con Dios, con el Dios que está presente pero escondido, secreto… El desierto bíblicamente es el lugar de la liberación, pero el programa de la libertad no es una lista de facilidades o de privilegios… austeridad y caminos difíciles… DIOS SE HACE SEGURIDAD PERO A CONDICIÓN DE QUE EL PUEBLO EN CAMINO PIERDA SUS SEGURIDADES HABITUALES…
¡Qué tremendamente paradójico resulta que el desierto pueda florecer, que el silencio pueda convertirse en mensaje y que la soledad se convierta en comunión!
Desierto: la prueba de mi profundidad.

Ojalá hubiéramos muerto a manos del Señor en Egipto… ¿Nos han sacado a este desierto para matarnos de hambre a toda la comunidad?

La gran tentación de mi desierto es la seguridad. En la nostalgia, en el pasado, en las personas añoradas, en mi condición perdida está mi seguridad… una seguridad efímera.
En algunos momentos de llanto quisiera dejar este desierto, encontrar la salida y simplemente abandonarlo. Aquí la impotencia de no poder hacer nada más que esperar y caminar… me siento verdaderamente impotente al tratar de buscar salidas fáciles que respondan a mi ansía de realización inmediata y de evasión ante el enfrentamiento cara a cara conmigo mismo. Creo que me tengo más miedo a mí mismo que a Dios.
Los israelitas no habían tenido aún la oportunidad de gozar de la liberación cuando ya estaban añorando la esclavitud pasada. Similar condición estoy viviendo. En ellos, el sabor de las cebollas dadas en Egipto les impedía saborear la liberación presente…
Hace poco que me interné en mi desierto y vivo la añoranza quejumbrosa de un pasado esclavizante.
No es nada fácil dejarme liberar. No es nada fácil aceptar que estoy perdido y que en este desierto como en otros nunca sabré cuándo estoy apunto de llegar… tengo la necesidad de seguridades, de estar protegido, de evitar elecciones decisivas… ¡Oh Dios, lo último!... elecciones decisivas…
Cuando todo lo tenía tan claro, cuando todo estaba tan en paz, tan en su sitio… cuando había alguien que decidía por mi, cuando ya todo estaba programado detalladamente… cuando me quejaba de lo anterior y sin embargo ahora tontamente lo añoro… ¡qué desdicha!
Soy productor de seguridades… tengo miedo a quemarme en el fuego de la verdad, a caminar descalzo por el fango y a mojarme bajo la lluvia… CRISTO SALVA MI CORAZÓN DÉBIL!!! Cristo me salva escapando hacia delante. Él es el que me espera, nos espera, siempre más allá… cuando lo alcanzo se escapa… sobrepasa mis lógicos argumentos y va más adelante…

Estoy cubierto de polvo y fango…
He caminado por caminos no trazados,
me he herido al penetrar a esta jungla desértica…
No estoy caminando por el camino oficial,
por el camino pavimentado, el camino que pisa la mayoría, el camino
en donde la semilla es aplastada y muere…


Ustedes, caminantes de autopista, envejecerán placidamente y estimados por el mundo; tendrán los aplausos y las medallas que el mundo reserva para los más vistos…
Mi vida será encontrada herida en la cumbre más alta o en las profundidades del océano… Caminaré gustoso por donde voy perdido… tomaré el lugar del que es olvidado y buscado únicamente por su Señor… mi amo me encontrará.


“No temas que yo estoy contigo… ¿No recuerdas el pasado? Pues bien, he aquí que yo lo renuevo: ya está en marcha, ¿no lo reconoces? Sí, pongo en el desierto un camino, senderos en el arenal”

¿A dónde he venido a parar? Abandoné sin darme cuenta el camino principal y caído en esta encrucijado encuentro de caminos por donde ir…
Ante la tormenta de arena mi vida se tambalea entre la esperanza y la cólera… el agua se acaba, no se ve ninguna huella sobre la arena y no se leer las estrellas…
Vivo la desorientación, me pega un viento de desconfianza, domina en mí la incertidumbre… es muy difícil ver con claridad… ¿A dónde iré a parar Dios mío? ¡Qué quieres! ¿Cómo salgo de este camino de sudor y lágrimas?